El 2018 fue un año bastante complicado para los mercados financieros, ya que los principales activos de riesgo tuvieron retornos negativos. Las caídas se concentraron en los últimos tres meses del año, convirtiéndolo en el peor trimestre desde la crisis financiera de 2008.

¿Qué fue lo que cambió para que las cosas mejoraran de 2018 a 2019? La respuesta es simple: fundamentalmente nada ha cambiado.

Sucede que las caídas responden a un factor psicológico más que económico. El temor a una desaceleración del crecimiento mundial, focalizado en las economías de China y EE. UU., generó una sobrerreacción de los inversionistas, lo que resultó en un movimiento significativo en el precio de las acciones.

¿A qué se debe la desaceleración del crecimiento mundial?

  1. China pasó de ser una economía exportadora a una de consumo interno. Ello genera una menor tasa de crecimiento, pero más estable. Esto no preocupa ni sorprende, pues se ha dado progresivamente durante los últimos 10 años, periodo donde la economía China casi se ha duplicado. 

    Cabe destacar el efecto que ha generado esta situación: un crecimiento de 6.5% este año es mucho más que un crecimiento de 10% hace 10 años. Es un gran soporte para la economía mundial que China mantenga una tasa de crecimiento cercana al 6.5%

  2. Endurecimiento del crédito interno en un esfuerzo por detener el apalancamiento de la economía, así como una paralización de la inversión y el consumo, producto de la tensión comercial con EE. UU. 
    Este fue el factor que generó temor, pero podría y debería ser temporal. Por un lado, el gobierno chino está impulsando la economía con estímulos monetarios y fiscales. Por el otro, la inversión privada debería regresar con más fuerza conforme se disipe la incertidumbre de la tensión comercial.

¿Cómo vemos el 2019 de los mercados financieros más importantes?

Respecto a EE. UU., hasta el momento la economía sigue sólida, y es muy posible que los temores de desaceleración sean infundados. La preocupación es porque se percibe que la economía estaría en una etapa tardía del ciclo económico y que por esa razón podría desacelerarse.

Asimismo, es importante considerar que en los últimos años China ha sido el principal motor de la economía mundial. En un contexto en el que las otras grandes economías del mundo mostraban cifras muy pobres de crecimiento (EE. UU. y Europa crecían por debajo de 2%), China creció a más de 8%.